Que te vaya bonito.

Con cariño para Miriam, Boris y Beltrán Sajonia-Coburgo-Gotha

Fue hace poquito más de 17 años que lo conocí.

La primera vez que lo vi me saludó con una sonrisa franca y un apretón de manos cálido y firme a la vez. Usaba gafas y un traje que le hacía destacar de los demás. Tenía un garbo especial, aunque confieso que no reparé en ello en ese momento sino hasta tiempo después. Ya entonces a sus 35 años tenía poco pelo, bien peinado, eso sí.

Yo tenía dos días de haber llegado a España, concretamente a Barcelona para dirigir un proyecto del que no sabía casi nada. La idea era que trabajaría en el lanzamiento de una compañía de telefonía celular durante los siguientes ocho meses. Como anécdota, recuerdo que la primera mañana que llegué a “currar”, me costó trabajo ubicar a mi equipo, a la gente que trabajaba para ADL España asignados a ese proyecto, ya que los tenían, nos tenían, en una sala con las persianas abajo y la puerta permanentemente cerrada. Y es que el proyecto en ciernes, tenía un grado de confidencialidad importante en ese entonces.

De hecho, al principio asumí que él era parte del equipo de ADL, aunque al día siguiente, me dio su tarjeta de presentación. Ahí vi el nombre de su firma, el cual no recuerdo y también vi su nombre completo Kardam Sajonia-Coburgo-Gotha. Nombre extraño para un español nacido en España. Y vaya si a partir de ese momento comencé a descubrir cosas de él.

Para empezar, todos le llamaban “el Kardam” y al principio me extrañó mucho, pero luego de un tiempo noté que todos eran ‘el’ o ‘la’, el Ignacio, el Joaquín, el Juan. Y a pesar de todo, se notaba que él no era del grupo, que el grupo le daba un trato especial, a pesar de que el grupo trataba de hacer parecer que el Kardam era uno más.

Había hecho sus estudios universitarios y de posgrado en Estados Unidos y creo recordar que me mencionó que durante ese tiempo había hecho alguna excursión a México. El caso es que sabía de nuestras costumbres, de nuestra forma de ser y nuestra comida, más allá de los tacos y las enchiladas. Quizás por ello nos hicimos buenos amigos desde el primer momento. Me estrechó la mano, me llamó “manito” y me hizo la primera de varias confesiones.

Me dijo que una de las cosas que más admiraba de nosotros era que usábamos la frase “que te vaya bonito”. La había escuchado en sus viajes por México y le parecía no sólo poética, sino además cariñosa, cercana. Una forma de decirle al que se va que se le desea que le vaya más que bien.

En aquellos meses de finales de la primavera y principios del verano de 1998, teníamos una rutina establecida, incluso algo cansina. Llegábamos a trabajar a las 9 am y tratábamos de hacer ‘algo’ ya que nuestro proyecto aún no estaba autorizado por las autoridades españolas en la materia, así que era poquito lo que podíamos hacer. A la 1 pm salíamos a comer.

El edificio de Retevisión estaba en una esquina llena de árboles de la avenida Diagonal, de la capital catalana. De un lado estaba un pequeño parque dedicado a Joan Gamper, el fundador del club de fútbol Barcelona y después estaba el hotel Hilton el cual fue mi casa por varios meses. De otro lado del edificio, cruzando la calle, estaba “La Illa”, que no era otra cosa sino un centro comercial de buen nivel.

En la Illa había muchos restaurantes y en una de sus entradas estaba el restaurante “Bugui”, el cual era regenteado por una mujer ya entrada en años de nombre Carmen, la cual era muy amable y claramente monárquica. Por lo mismo, a doña Carmelita, le gustaba mucho que “el Kardam” fuera tomar el almuerzo a su restaurante. Como íbamos casi todos los días, ya nos conocían y nos trataban bien. En otra ocasión les hablaré de los restaurantes, meseros y comida española, se morirán de la risa.

El Bugui era uno de esos restaurantes con no muchas pretensiones, que ofrecía principalmente a sus comensales un ‘menú del día’ por un precio razonable, en un ambiente agradable. Menciono todo esto porque el Kardam, comía con nosotros, como uno más, sin mayores historias o pretensiones, lo cual por supuesto no me hacía pensar que hubiese algo especial en él.

Yo sé que ya se empiezan a preguntar quién es o era Kardam, bueno pa’ allá voy, no se me apresuren. Antes tengo que contarles lo siguiente.

Yo creo que sucedió a la segunda o tercera semana de estar trabajando en el proyecto de Retevisión Móvil, cuando un día, suena una alarma y tenemos que evacuar el edificio. Creo recordar que era un simulacro. El caso está que al salir fuimos a dar por una puerta lateral al parque Joan Gamper ya mencionado. Y cómo había que esperar un rato, cruzamos el mini parque y nos sentamos en una terraza que tenía el Hilton que también daba al parque. El clima ya era caluroso para esas fechas, así que nos pedimos algo de beber. Por alguna razón alguien sacó un ejemplar de la famosa revista “Hola” de algún sitio. Quizás fui yo mismo. Quizás estaba ahí olvidada en alguna de las mesas de la terraza. Vayan ustedes a saber.

Para ese entonces yo ya empezaba a aclimatarme y por lo mismo a desplegar mi sarcasmo y mi espíritu ‘fregativo’ con toque mexicano que había yo descubierto, desconcertaba a mis compañeros de faena y por lo mismo, me gustaba usar sólo para descolocarlos. Además, yo era el líder del proyecto, así es que me aguantaban entre entretenidos y obligados.

Una de las cosas sobre las que más sarcasmo aplicaba, era sobre lo banal que yo encontraba a parte de la sociedad española que se entregaba con furor a la “nota rosa” en todas sus versiones, así como sobre todos aquellos que se sentían paridos por una hada. Estos últimos eran quienes engalanaban las páginas de la mentada revista dónde aparecían fotografiados o entrevistados y los primeros eran quienes corrían a comprar la revista jueves tras jueves.

El caso es que ahí estamos con la revista de marras entre las manos y empiezo yo a criticar al conde de no sé qué, y a la duquesa de no sé dónde, y al torero fulanito y a la esposa del príncipe menganito y a una larga fila de personajes de la más alta alcurnia. Kardam que estaba a mi lado, no paraba de reír. Yo creo que encontraba divertidos mi desfachatez y mi sarcasmo. Y es que a veces, a veces, puedo ser divertido y entretenido.

Dando la vuelta a una de las páginas aparece un encabezado acompañando a un texto, pero sin foto. No recuerdo con exactitud lo que decía el encabezado, pero si recuerdo de quién hablaba. La nota mencionaba a un tal Kardam, príncipe de Tírnovo y heredero a la corona de Bulgaria. Yo leí la nota y sí recuerdo que dirigiéndome a Kardam le dije, “mira, este se llama como tú” e hice algún comentario más. Y me seguí de largo. El soltó una risotada.

Terminamos de pasar lista a cuanto ‘personajazo’ aparece en dichas páginas y me dice Kardam, “tenemos que hacer más seguido esto del Hola comentado por el Christy” y volvió a reír con una risa franca.

Terminamos las bebidas y nos metimos a trabajar. Al día siguiente, por alguna razón, Kardam no fue a trabajar. Y el caso es que al estar echando el cotorreo, fue que me di cuenta que Kardam mí ahora amigo y Kardam el príncipe heredero de Bulgaria, eran el mismo. Estaba entre pasmado e incrédulo y ahora eran los de mi equipo los que se reían de mí. Afortunadamente, nunca fui grosero o altanero con mis comentarios y cuando vimos la nota de Kardam, yo sólo dije eso de que ahí salía uno que se llamaba como él y ya. Bendito Dios y es que a lo largo de mi vida me he metido en más de un lío por no saber estarme callado.

Y aquí viene lo curioso, yo, como creo que todos ustedes, nunca había estado expuesto a monarquías y cosas similares, por lo que para mí, para nosotros, un rey o un príncipe o un conde, son sólo personas. Y ya. Sin halos de virtud o santidad. Sin sangre azul, que toda es roja. Así es que al saber que mi amigo, ese hombre que tan bien me había caído era un príncipe, no supe bien a bien que pensar o decir.

Pero Kardam no estaba para poses y por lo que yo pude ver durante nuestros años de convivencia, sentirse especial o importante no era lo suyo.

Cuando lo volví a ver, le dije que no sabía que él era el Kardam del Hola, pero él no le dio la menor importancia. Ese día, a la hora de la comida me hizo varias confesiones más. Su abuelo Boris, había sido el último rey reinante de Bulgaria, ya que aunque su padre había accedido al trono cuando niño, en realidad nunca gobernó ya que su familia había salido huyendo del país en 1943 tras proclamarse la república. Después de recalar en varios países, su padre se había establecido en España y se casó con una mujer española, por lo que Kardam, había nacido en Madrid en 1962.

De la fortuna de la familia quedaba poco. Me contó que aún tenían algunas propiedades en Bulgaria, pero que una ley les impedía tomar posesión o incluso vender las mismas. Así que a pesar de su linaje y de pertenecer a una casa real europea, Kardam era uno más. Tenía que trabajar para mantener a los suyos.

Lo interesante es que no era algo que le pesase. No se sentía mal por ello ni pedía que se le tratara diferente.

Era un hombre bien instruido, inteligente, sensible, de muy buen trato, de risa fácil y con quien se podía conversar de muchos y muy variados temas. Charlar con él a la hora de la comida era realmente una gozada.

Dentro de las cosas que nos contaba en aquellas ocasiones estaban sus viajes por Europa para asistir a bodas, bautizos, funerales, coronaciones y los más variados festejos de las casas reales europeas. Ahí aprendí que para un rey, otro rey es su igual aun y si ya no cuenta con trono. Por lo mismo, tanto sus padres como sus hermanos eran invitados a cuanto festejo había por ser miembros de una casa real, aunque esta existiera casi exclusivamente en las páginas del Hola y revistas similares.

La parte divertida era de cómo nos narraba las cosas, de tal forma que nos sentíamos en medio del bautizo del príncipe fulanito o en la boda del hijo del rey zutanito, o nos hablaba de cómo eran en la cercanía los personajes que acostumbraba frecuentar y nos llegaba a hacer alguna que otra confidencia acerca del estilo o del comportamiento de este o de aquella. Eso sí, nunca fue despectivo o chismoso, sólo era descriptivo.

Recuerdo que nos contó que para celebrar unos festejos de la Reina Isabel II, convocaron a muchos personajes de la realeza europea y por lo mismo, el hospedaje de tantos visitantes se volvió un problema. Nos dijo que entonces a varios de los príncipes herederos jóvenes, los hospedaron en el yate de la reina, el cual estaba fondeado en el río Támesis para dicha ocasión. También nos dijo cómo le había sorprendido que llegando al aeropuerto de Londres ya los esperaban y que cuando los llevaron a su habitación dentro del yate, la ropa de su esposa –Miriam- y la de él mismo, ya estaba colgada y acomodada en la cabina. Y que por supuesto, tenían un valet a su disposición en todo momento para cualquier cosa que se les ofreciera, desde un sándwich a media noche hasta conseguirles boletos para la opera.

Por cómo me contó las cosas, creí entender que incluso él llegaba a sorprenderse de algunas de las cosas que veía o vivía en esos eventos.

La parte no tan divertida era cuando me contaba que a veces las sufría para ir a esos eventos, ya que tenía que comprar ropa –y no precisamente en el Walmart- y pagar viajes, lo que con su sueldo de empleado no era fácil.

Otra de las anécdotas que le gustaba contar estaba la de que al príncipe Carlos de Inglaterra, sí, al mismísimo hijo mayor de la reina de Inglaterra, podía llamarle “sobrino”, a lo que según sus palabras, el príncipe de Gales le respondía con un “hola tío”, con lo que ambos reían. Y es que los Sajonia-Coburgo-Gotha, que es la rama a la que pertenecía Kardam, tiene raíces profundas de más de 200 años, con lo que muchas casas reales están emparentadas de una u otra forma y la familia de la reina Isabel II, viene de una de esas ramas, por lo que Kardam y la reina de Inglaterra llegaban a ser primos.

Esto a mí esto último me parecía un poco alucinante, lo confieso, pero a él le parecía solamente divertido. Nunca presumía de ello.

Creo que esa mezcla de ser invitado y disfrutar de eventos súper exclusivos pero al mismo tiempo trabajar o ir a comer al “Bugui” con nosotros, es que lo hacía un personaje tan singular.

Nunca lo oí quejarse de su situación o de su suerte, al contrario, sabía que tenía que remarle en esta vida y le remaba.

Con el tiempo, el proyecto evolucionó y todos tuvimos que irnos para Madrid.

Antes de irnos de Barcelona, organizamos una cena en el Hilton con cargo a ADL ya que casi todos nos hospedábamos ahí. Al terminar la cena pedimos un digestivo y Kardam pidió una copa de armañac. Todos levantamos una ceja, ya que aunque habíamos oído el nombre de la bebida, nunca habíamos pedido o bebido una, no así Kardam. Cuando trajeron la cuenta Juan Carlos Cebral vio lo que nos habían cargado por el tal armañac y casi se desmaya, ja ja ja. Durante meses nos recordó por lo bajo lo mucho que costó la copa de armañac que se “había pedido el Kardam, joder”.

A Kardam le convino el movimiento a Madrid ya que su casa y su familia estaban ahí. Una noche nos invitó a cenar a su departamento a Ignacio López y su esposa Elena, a Juan Carlos Cebral y a Gaby y a mí, en aquel entonces, vivía a unos pasos de la plaza de Cuzco y la pasamos muy bien. A pesar de que su casa era sencilla pero con buen gusto, tenía una sirvienta filipina, que además dobleteaba como nana de su hijo Boris que en aquel entonces tendría como un año de edad.

En aquella cena, su esposa Miriam muy gentilmente nos hizo un pequeño regalo, el cual por supuesto todavía conservamos. 

Lo complicado para Kardam vino poco después. El proyecto fue creciendo dando paso a una compañía hecha y derecha y aquel pequeño grupo de consultores que había empezado a bosquejar el desarrollo de la misma en aquella salita oculta de un edificio en Barcelona pasamos a ser uno más de muchos grupos que pululaban por aquí y por allá. A Kardam, como consultor independiente lo asignaron a un área que era la que llevaba el control general del proyecto. Para su mala suerte, esa área era gestionada por un Director, que de eso, no tenía más que el nombramiento. Era un tipo grosero, de muy malos tratos, de muy malas maneras y que apestaba a cigarro. Se llamaba Javier.

El tonto se sentía hecho a mano y trataba a su equipo de forma despectiva, particularmente a Kardam. Se daba cuenta de que Kardam necesitaba el trabajo y sabiendo que venía de cuna noble, más la tomaba contra él. Kardam aguantó estoicamente esa situación a sabiendas que tenía que trabajar con un tipo que era inferior a él de muchas maneras. No dudo que el tal Javier se hubiese vanagloriado en más de una ocasión ante familia y amigos que tenía al Kardam como su empleado y lo hacía trabajar a su antojo.

La compañía seguía creciendo y por lo mismo, ahora nos frecuentábamos poco. Comíamos juntos en pocas ocasiones, ya que además la nueva ubicación de la compañía que queríamos echar a volar estaba relativamente cerca de su casa.

Terminó el proyecto, terminó el año 1998 y la compañía que en ese entonces fue bautizada como Amena, comenzó operaciones. Gaby y yo nos volvimos a México de vacaciones de navidad, aunque en España me pidieron que regresara para seguir trabajando en Amena.

Cuando regresé a principios de 1999, me asignaron a un edificio diferente donde estaban instalados los sistemas de información y el área de atención al cliente de la que fui Director por unos meses, por lo que dejé de tener contacto continuo con Kardam.

Tiempo después supe que había conseguido un buen puesto en Telefónica, lo cual me alegró mucho.

Para cuando nos volvimos a México a finales de 2002, ya con dos huerquillos bajo los brazos, mi contacto con Kardam era esporádico. Quizás un correo en navidades.

En el 2005, viajé a Alemania por negocios y de camino hice una parada en Madrid. En aquella ocasión, lo contacté y nos fuimos a comer. Fue una comida de lo más ameno, él sabía comer y comer bien, era un sibarita sin duda, así que la comida fue nuevamente una gozada, tanto por la conversación como por lo que nos zampamos y nos bebimos.

Esa fue la última vez que lo vi.

En el 2008, regresando a su casa junto con su esposa un día por la noche, tuvo un accidente, chocó su auto y Kardam tuvo una serie de traumatismos que lo dejaron en estado casi vegetativo. A pesar de los esfuerzos que su esposa Miriam y el resto de su familia hicieron durante muchos años, Kardam nunca se recuperó de aquel accidente.

Tristemente, hace un par de meses me enteré por casualidad al leer un periódico de España, que mi amigo Kardam había fallecido víctima de una infección pulmonar resultado de aquel accidente de años atrás. En ese momento recordé toda la historia que les acabo de contar y desde entonces la traía en la cabeza, esperando ser escrita como un pequeño homenaje a una persona, a un amigo que estaba tan lejos y tan cerca de lo que todos nosotros somos.

Así que, querido Kardam, sólo me queda desearte que dónde sea que estés,… ¡que te vaya bonito!

Monterrey, N. L. a 25 de julio de 2015. 

5 comentarios en “Que te vaya bonito.

  1. Hola Juan Carlos , como siempre me encanto tu blog, que historia tan interesante, uno ve a esos personajes en la revista y piensa que tiene todo resuelto en la vida y no es así, en este caso, que grato que hayas conocido a una persona que siendo de la realeza, como en muchas ocasiones sucede con las personas que tiene un nivel social o economico muy alto son las mas amables y educadas con los ademas. Gracias por compartir ” Que te vaya bonito”

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Qué padre historia! ¡Y qué bien contada!…
    Yo he conocido un par de historias de alguna forma similares, una me sucedió a mí y otra a una amiga.
    El pasado mes de marzo tuve la fortuna de tomar un curso de liderazgo en Maui. Éramos 60 personas de, prácticamente, todo el mundo. Entre los asistentes había un tipo simpático, muy callado y muy sencillo, originario de Camerún. Como el asunto de los nombres era un lío por tantas nacionalidades e idiomas, cada uno escogía cómo quería ser llamado, y ese era el nombre que aparecía en el gafete que portábamos. El de él decía Prince. Siempre me llamaron la atención sus zapatos de piel de cocodrilo. Usaba diferentes modelos y estaban padrísimos.
    Mi sorpresa me la llevé un día que me senté a comer con él. Ese día supe que su papá había sido rey de Camerún. Prince no era su nombre, ¡era su título! Lo que más nos sorprendió a todos es que tiene la friolera de ¡700 hermanos! cosa nada difícil tomando en cuenta que su papá tuvo algo así como 300 esposas. (Yo siempre le hacía la broma de que debió ser terrible para su papá tener que soportar a 300 suegras).

    El otro caso es el de una amiga de Nicaragua que hace años soñaba con estudiar una maestría en Cambridge e iniciar una ONG en su país para ayudar com micropéstamos a la gente necesitada de su Nación.
    Un día estaba en el aeropuerto de Panamá de regreso a su país, y en la sala de espera se sentó junto a una muy guapa y distinguida mujer de raza negra que a su vez estaba sentada junto a un muy distinguido caballero de tipo europeo, blanco él. Comenzó una conversación con la mujer, y de pronto el que resultó ser su esposo, hizo a un lado su laptop, se volvió a mi amiga y sin más le dijo: ¿Cuál es tu más grande sueño?
    Mi amiga le contó lo de la ONG. Él preguntó ahora: ¿y qué necesitas para eso?
    Ella respondió que quería hacer su maestría en Cambridge.
    En ese momento anunciaron el vuelo de mi amiga. El caballero le entregó su tarjeta de presentación -que ella no leyó, sino que distraídamente metió en un libro que traía- y le pidió él que le escribiera contándole más de su sueño porque él quería apoyarle. Ella agradeció y corrió a su avión.
    Ya en pleno vuelo ella leyó con detenimiento la tarjeta de presentación: el caballero resultó ser nada menos que el Príncipe Maximilano de Liechtenstein, hijo del actual soberano de aquella riquísima nación. El príncipe efectivamente está casado con la ahora Princesa Ángela, de nacionalidad panameña, y la única mujer de raza negra en la realeza europea.
    La historia es larga, pero puedo decirte que el Príncipe costeó a mi amiga sus estudios en Cambridge (absolutamente todos los gastos), siempre portándose como un caballero. Cada vez que se vieron el Londres, él iba acompañado de su esposa y sus pequeños hijos.
    Al terminar sus estudios los Príncipes asistieron a su graduación y él ofreció a mi amiga una importante posición en uno de sus bancos. Mi amiga agradeció, pero regresó a Nicaragua. Actualmente ella tiene su ONG y mantiene contacto con el Príncipe.
    Te mando un abrazo

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    1. Wooowww,… Wooowwww,…. Y requete woooowwww. Qué buenas historias!!!! Cómo no me pasaron a mí!!!!! Ja ja ja ja. Te mando un fuerte abrazo, querido amigo, se te extraña sin duda. Espero ir pronto a La Paz y podernos dar el abrazo enviado. Saludos a toda tu hermosa familia.

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