El efecto padre Amaro (o el emperador que se empecinaba en pasear desnudo)

 

Para tonto no se estudia, se nace con diploma.    Frase de sabiduría popular

 

Yo creo que nadie es lo suficientemente listo como para no requerir nunca un consejo.

Por lo mismo, ¿qué pensar de alguien que tiene todos los recursos a su alcance para que le ayuden, sobretodo, a normar sus actos y aún así, se muestra y se comporta con torpeza, abusa de lo que no es suyo  y no conforme con ello, le añade ilegalidad a sus acciones?

Creo que la frase de líneas arriba y que mi padre solía repetir en voz alta cada vez que era obvio para él que alguien estaba cometiendo una tontería, le vendría como anillo al dedo. 

Siguiendo la misma línea, ¿qué pensar de un grupo de personas a las que colectivamente les pagamos mucho dinero, para que actúen ya sea como asesores o como contrapesos  del  servidor mayor de todos, generando y ofreciendo no sólo lo mejor de sus opiniones  sino también asegurándose de ser escuchados por el dichoso servidor, para no cometer pifias, y aún así los errores salen por decenas y por cientos?

La verdad, no hay mucho que pensar.

El problema es que el desprecio y el descrédito están, en esta etapa de la historia de nuestro país, enteramente adormecidos y/o completamente devaluados.

Ah, y somos nosotros, tú que estás leyendo y yo que estoy escribiendo, los mayores culpables de esta situación. No hay duda.

¿Cuándo y cómo comenzó este adormecimiento?, creo que no podría establecerlo con precisión. Pero creo que hoy eso no es tan importante. Al menos no lo es más que romper esta situación de parálisis  colectiva en la que estamos sumidos todos.

De todos aquellos que están hoy metidos en la política, son tan poquitos los que se salvan de caer en nuestro desprecio y en ser marcados con el descrédito que nos debería de dar pavor.

Por la razón que sea, Maria de Carmen, ha tomado un liderazgo que debería estar en manos de muchos de nosotros. Hoy en las mías, mañana en las tuyas y pasado de vuelta en las mías y el día después, de vuelta en las tuyas.

Justo es decir también, que en dicha tarea le acompañan algunos, varios de los mejores mexicanos que tenemos en términos de saber escuchar, mirar, analizar, entender,  valorar y proponer.

Sin duda todo este grupo, con María de Carmen al frente, se ha convertido en ese contrapeso del  servidor mayor, de los servidores mayores, y ha sido este buen grupo con todo su crédito el que ha arrancado al descrédito del sueño en el que andaba y lo ha traído a la mesa de la discusión y el debate, con lo que ha bañado de ese mismo descrédito a estos imbéciles servidores y con ello, vuelto a generar el desprecio que debería ser tan obvio en todos nosotros por  el servidor mayor junto con sus hoy asesores convertidos en lacayos, que ya hubieran tenido no sólo que renunciar a los trabajos que les dimos, sino también deberían estar apenados, en una mazmorra, recibiendo el castigo por las imbecilidades cometidas.

Y aquí, hago una confesión. Tengo que decir, que admitir, que soy una especie de eunuco ciudadano.

Me siento incapaz de arremeter contra este grupo de tontos que insisten en pasear al servidor mayor en cueros, en “cuernavaca” diríamos en tono de chacota, aunque no es tiempo de chacotear, diciendo a los cuatro vientos, en dirección de los cuatro puntos cardinales, que los tontos somos nosotros.

Que las telas que conforman el ropaje del que están hechas las acciones de gobierno, no solamente están ahí, sino que además son tan magníficas, como nunca antes se habían visto.

¡Qué pandilla de imbéciles!

(Desde que comencé a escribir, me impuse la idea de no usar nunca insultos o groserías para expresar ideas, ya que estoy absolutamente convencido de que las buenas palabras tienen toda la fuerza y todo el peso necesario para imponer una idea, así que me disculpo por el par de exabruptos de líneas arriba, sencillamente no me pude contener).

Hoy pareciera que desde las tribunas más altas de nuestro gobierno, la cosa está de chanza, de chirogota y chunga -como llegó a escribir Marco Almazán-  que nos desprecien deben pensar, total ni se nos quita el hambre, ni se nos espanta el sueño y sobretodo, no perdemos nada de lo que nos hemos ido apropiando.

Deben pensar (aquí, el uso de la palabra “pensar” es una licencia poética que me estoy tomando con manga muy ancha), si alguien nos llama tontos, le diremos todos a coro, tú lo serás.

Si alguien nos ve o nos atrapa haciendo algo no debido, como lo hicieron María del Carmen y su equipo, mandaremos emisarios bien entrenados en las artes de “cantinflismo” para defendernos y explicar lo inexplicable.

Y mientras nos defienden, tendremos todo para pensar que somos más listos que todos los demás, ya que si ellos fueran los listos, estarían aquí y no nosotros.

Y si esto no es suficiente, usemos la estrategia que se ha usado por siglos en todas partes del planeta y bajo muchas y muy diferentes formas de gobernar. Los doblegaremos a palos, hasta que sangren o mueran.

Es hora de pararnos detrás, al lado, enfrente de María del Carmen y su equipo y como enorme colectividad decirle todos juntos al servidor mayor y a sus pobres acompañantes, que van desnudos por la vida. Pero que ese no es tanto el problema, como el hecho de que por ello, van mostrando sus miserables miserias por todos lados. Y eso además de repugnante, es de una tontería inexcusable.

Cómo le vamos a hacer, no sé confieso nuevamente que no tengo idea, pero de que es hora, es hora.

 

Cd. de México a 16 de marzo de 2015.

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