Palomeando mi “bucket list” (7a. parte del capítulo)

Estamos todo el tiempo viajando, sólo que la gran mayoría se deja embotar por su historia personal y cree que esto es lo único que existe. 

Louis-Ferdinand Céline

Ya estando en esta enorme ciudad que es Beijing, que cuando éramos chavos la llamábamos Pekín, tuve la posibilidad de ponerle tres rayitas más al tigre de mis suspiros. Una de ellas fue que pudimos visitar la Gran Muralla China.

Y es que resulta que estando aquí (o allí, según se vea), uno tiene varias alternativas para visitar dicha construcción. La que yo creo todos hemos visto en algún momento en la tele o en fotos de revistas o en algún video clip, es generalmente la que se encuentra en un lugar llamado Badaling, al noroeste de la ciudad pero que mis corresponsales locales descartaron como alternativa dado el gran nivel de comercialización en los alrededores del sitio.

En su lugar nos recomendaron visitar la sección que se encuentra en un lugar llamado Mutianyu. Salimos a las 7:30 am para evitar el tráfico pero no fue posible del todo. Sin embargo, poco después de una hora de haber salido del hotel, llegamos a las montañas donde se yergue esta maravilla.

Después de pagar la respectiva cuota, nos montamos en unas sillas tipo teleférico como las que usa uno para subir la montaña para luego bajar esquiando.

Llegando a la muralla.
Llegando a la muralla.
Mutianyu.
Mutianyu.
Remontando la montaña.
Remontando la montaña.

Al ir llegando al lugar la emoción es alta y la chica que llevábamos como guía esa mañana nos decía que se nos iba ir el aliento.

Lo que no nos dijo es que se nos iba a ir, no por la emoción, sino porque para recorrer la muralla por su parte superior, hay que subir y bajar escaleras a lo bestia.

La ventaja, hacia un mañana de otoño tardío fantástica de mucho sol, con lo que la vista era espectacular. La desventaja, que estábamos a 4 grados bajo cero. Lo dicho, no se puede tener todo en esta vida.

Estar ahí y mirar tanto valles como montañas desde esa altura fue sin duda un momento de inmenso gozo y por un momento me sentí un guardia de esos que pulularon por cientos de años sobre esta misma construcción, oteando el horizonte en busca del enemigo que quería invadir las tierras y señorío de los Ming y los Qing.

Eso de estar parado en el mismo sitio que aquellos hombres, fue una sensación muy especial.

Por cierto, déjenme derrumbar otro gran mito,… ese que dice que esta muralla es la única construcción que se puede ver a simple vista desde el espacio exterior. Esto no es cierto, ya que aunque la muralla mide muchísimos kilómetros de largo, sólo debe medir cuando mucho unos 10 metros de ancho (al menos en la parte que vistamos). Y por lo mismo, imposible de distinguir a ojo pelón desde el espacio sideral.

El de la voz y su guapa esposa en plena muralla china.
El de la voz y su guapa esposa en plena muralla china (creo que hasta se me rasgaron los ojos esa mañana).
Guarnición de vigilantes.
Guarnición de vigilantes.

Ciertamente la visita no decepciona a pesar del frío. Desde donde estabamaos alcanzábamos a ver, yo le calculo, unos 3 o 4 kilómetros de muralla. toda muy bien armadita y ordenadita. Incluso los pequeños albergues que en algún tiempo fueron las casas de resguardo y los puntos de control sobre la muralla están en muy buenas condiciones. Pero me remito a las fotos para que aprecien por ustedes mismos.

El dragón protector de la montaña.
El dragón protector de la montaña.

Esta fue sin duda una mañana para recordar siempre.

A nuestra vuelta a la ciudad pude ponerle la segunda raya cuando fuimos a un sitio por el que yo tenía aun más interés en conocer, La Ciudad Prohibida.

No sé ustedes, pero yo he visto la película “El último emperador” unas treinta o cuarenta veces sin exagerar. Y por supuesto que todas las escenas de la película que suceden dentro de la Ciudad Prohibida me parecen absolutamente increíbles. Siempre me dejan sin aliento.

Así que podrán suponer mi entusiasmo y fascinación por estar vivito y coleando en dicho lugar. Por supuesto Pu-Yi y su grillito ya no están ahí, como tampoco los cientos de eunucos, ni las seiscientas concubinas que llegó a tener algún emperador (¿pa’ que fregados quería seiscientas mujeres el pelao, si yo con una estoy que doy el tablazo?). Pero la magia sí está, y si pone uno un poquito de atención, se alcanza a escuchar el golpe de los pies de los eunucos contra el piso cuando llevaban en su palanquín al emperador de un salón a otro. Pura vida, nomáaaas, como hubiese dicho Antonio Espino.

Entrada sur a la Cd. Prohibida.
Entrada sur a la Cd. Prohibida.
Salón de la Suprema Armonía.
Salón de la Suprema Armonía.
Trono del emperador en el Salón de la Suprema Armonía.
Trono del emperador en el Salón de la Suprema Armonía.

En la antigua China, solo el emperador podía usar el color amarillo (algo que se menciona en la susodicha película), por lo mismo, los techos de cada salón y cada edificio son de ese color, para refrendar su importancia y su pertenencia, mientras que todas las paredes son rojas, ya que el color rojo tiene dentro de la cultura china el valor de la felicidad y la buena suerte.

Techos amarillos, paredes rojas.
Techos amarillos, paredes rojas.

Otra cosa importante fue aprender que dependiendo de la importancia o relevancia del edificio, a este le eran colocados una serie de figuras de animales en las esquinas de los techos por fuera, de tal modo que los edificios más relevantes para el emperador, ya fuera por su uso o su simbolismo, tenían hasta diez figuritas, mientras que los edificios menos importantes tienen un menor número.

Detalle del Salón de la Suprema Armonía. El tener diez figuritas revela que este salón era para el emperador.
Detalle del Salón de la Suprema Armonía. El tener diez figuritas revela que este salón era para el emperador.

La verdad no les cuento más, así cuando tengan la oportunidad de venir por su cuenta, puedan ustedes mismos descubrir las maravillas de este lugar.

¿Parecen esculturas mayas o aztecas, no?
¿Parecen esculturas mayas o aztecas, no?

Y finalmente, hoy por la mañana pude ponerle la tercera raya al tigre cuando visitamos la plaza Tian’Anmen y su imagen de Mao Zedong partiendo plaza. La plaza es más pequeña de lo que yo pensaba, aun así es inmensa, pero se va dando un quien vive con el zócalo de la Cd. de México.

Ahora bien, en una de esas estoy totalmente equivocado, pero es que esta mañana nevaba cuando llegamos a la plaza, y un manto de neblina cubría los espacios y edificios cercanos, así es que no se podía ver la plaza muy bien que digamos. Me hice la promesa en voz alta de volver a esta plaza en algún futuro verano. Al escucharme, mi esposa se río de mí. No supe por qué.

Amanecer nevando en Pekin.
Amanecer nevando en Pekin.
Haciendo guardias a 4°C bajo cero.
Haciendo guardias en la mitad de la plaza a 4°C bajo cero.
Te cambio mi hora de guardia por un paquete de Malboros

Por último les cuento que tuvimos un encuentro del tercer tipo con un gentío que me dejó boquiabierto. Pero es que tuvimos a bien regresar de donde andábamos en el metro a hora pico. “Oh, my god”, dirían nuestros primos del norte, qué cosa tan increíble.

La mitad de la población de Beijing en un tunel del metro.
La mitad de la población de Beijing en un túnel del metro. 

Y ya con esta me despido,… siento que hoy no estaba tan inspirado como otras noches, pero así es de caprichosa esta diosa. Y ya saben que las diosas y yo traemos pleito casado desde hace varios decenios.

Beijing, 2 de diciembre de 2011

Publicado por JC Christy

Pasajero de esta nave llamada mundo,... deseoso de escribir, de compartir ideas, reflexiones, y lecciones aprendidas... con el reto de hacerlas sencillas e interesantes, buscando motivar, divertir, enseñar, aprender.

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