Al sur de la isla (5a. parte del capítulo)

Y bueno,… como en Monterrey sigue el asunto con mucho frío y de segurito muchos de ustedes están por ahí sin nada que hacer,… pues continuo mi historia

Después de la visita nocturna a la Cd. de Taipei, al día siguiente tuve oportunidad de viajar en uno de estos trenes de levitación magnética que van hechos la… duro, con el que pudimos recorrer la isla de cabo a rabo en poquito menos de dos horas y eso que paramos a cada rato.

Así es como llegué a Tainan, localizada al sur de la isla de Taiwan, que cuando eramos chavos se llamaba Formosa.

Pasaron muy temprano por nosotros, y a eso de las 7:30 am ya estábamos arriba del tren, para realizar una visita a una fábrica de productos adhesivos.

Después de una visita de negocios en la que fuimos tratados con mucha amabilidad y decencia, lo que nos dejó una impresión muy grata, hicimos un recorrido por los sitios más significativos de esta pequeña ciudad.

Aquí debo confesar que aunque agradezco en lo más profundo del alma las amabilidades y atenciones de nuestros anfitriones, muy bien nos hubiésemos podido ahorrar el 90% del recorrido.

Primero nos llevaron en una lancha junto con otros cuarenta o cincuenta chinos a recorrer un manglar del que nos repitieron hasta el cansancio que solo hay cuatro en el mundo. Como en todo recorrido turístico en lancha, sea este por el río Rhin o en Xochimilco hay siempre dos seres presentes. El que le mueve a las palanquitas del motor y el que va hablando por un altavoz señalando las bondades y maravillas a lo largo del recorrido.

En este caso imaginen el siguiente escenario,… el del micrófono era un chino que no hablaba sino que vociferaba, hablaba de corridito, casi sin respirar y por toda lengua solo conocía el chino. No dijo ni “jelou”.

Para acabar con el cuadro, el tipo no paró de hablar en los 40 minutos que duró el recorrido por un sitio de lo más sin chiste que he visto en mi vida,… lo que más me admiraba no era el paisaje, sino que el chino del micrófono tuviese tanto que decir a lo largo de todo el viaje, que como les digo, no estaba ni para inspirar a Walt Disney. Fue surrealista a más no poder.

El dichoso manglar.
El dichoso manglar.
Esteros para el cultivo de ostras en el dichoso manglar.
Esteros para el cultivo de ostras en el dichoso manglar.
Un chino llevándose las ostras del dichoso manglar.

Yo me hice amigo de un chinito como de dos años y eso me hizo el paseo más llevadero. Su papá lo animaba a hablarme, seguramente diciéndole algo así como, “mira a este güey traído de alguna región sub sub desarrollada del mundo, hijo”,…  o quizás, “te fijas, hijito mío, en lo feos que pueden llegar a ser los occidentales”. De seguro una de estas dos.

Luego nos llevaron a una casita de lo más pinchurrienta, donde estuvo en algún momento el consulado alemán en Tainan. Yo creo que esta gente debe pensar que los alemanes son seres especiales, de otra forma no entiendo el interés de llevarnos a este sitio. La casa estaba fea, descuidada, con tres objetos insignificantes y unas fotos colgadas en las paredes que no venían al caso.

En honor a la verdad, creo que cualquier alemán que pase por ahí se debería sentir hasta insultado.

Posteriormente nos llevaron a un fuerte que construyeron los holandeses ya antes mencionados y que un general chino les quitó a la malagueña. Interesante a secas.

Recuerdito del general que largó a los holandeses y a su lado, su servidor y amigo.
Recuerdito del general que largó a los holandeses y a su lado, su servidor y amigo.

Por último nos llevaron a cenar. Y aquí es dónde la cosa se puso realmente alucinante.

Primero hicimos una escala en un comedero de ambiente japonés y nunca entendí por o para qué. De ahí, nos llevaron a un restaurante de mariscos en el que para poder cenar, había que ir primero a escoger lo que quería uno comerse, aclarando que la mayoría de las cosas siguen vivas cuando uno las escoge.

Aquí debo maldecir nuevamente mi pobre ambición de reportero gráfico, ya que una de las cosas que pedí de comer era una especie de langosta de color arena, de cabeza aplastada y sin tenazas, que me hizo recordar seres de la era del precámbrico superior.

Había en otras bandejas bichos tan raros como espeluznantes. Nuestros anfitriones se lanzaron pidiendo comida como si supiesen que esa noche pudiera ser nuestra última noche en la tierra. Tampoco hubo fotos de los platillos servidos y degustados en esa ocasión por la misma causa ya explicada con anterioridad.

En el tren de regreso a Taipei me quedé dormido e iba yo soñando que el niño de la lancha medía tres metros de alto y tenía como mascota una langosta de esas del cuaternario a la que quería alimentar conmigo. Ya se imaginarán como estuvo la tragazón.

Al día siguiente salimos muy temprano rumbo al aeropuerto para tomar el avión que nos llevaría de regreso a Shanghái. En el camino casi nos pegamos una torta con el carro de una novia. Yo lo que me preguntaba es que rayos hacia una novia y su cortejo a las 6:45 am en una autopista rumbo a quien sabe dónde.

Descartado está que nunca lo sabré.

Hago una nueva pausa, antes de seguirles contando acerca de estas tierras tan diferentes de las nuestras.

Beijing 1° de diciembre, 2011.

Entre dragones, fenixes, tigres y elefantes te veas.
Entre dragones, fenixes, tigres y elefantes te veas

Un comentario en “Al sur de la isla (5a. parte del capítulo)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s