Curiosidades chinescas (2a. parte del capítulo)

“Confucio fue uno de los que inventó la confusión y por eso,… se le ha,… fue uno de los chinos japoneses que fue de los más antiguos”.    

Giouse Cozzarelli, aspirante a Señorita Panamá 2009.

Recapitulando entonces acerca de lo que comentaba en el capítulo anterior,…  China no se llama China,… China no se parece ni de cerca a China,… y por lo mismo, en China no hay edificios ni construcciones estilo chino.

Lo que sí pude confirmar después de algunos días de visita es lo siguiente: 1. Que China está hasta la madre de chinos,… 2. Que en todos los locales comerciales de China se puede encontrar lo mismo que en cualquier bazar o mercado sobre ruedas de cualquier parte de México, con la única diferencia de que los que atienden, son chinos,… 3. Que en China nadie habla inglés, punto. Y los que dicen que hablan inglés, tampoco hablan inglés,… y 4. Que en China se da la impresión de un gran orden, pero solo es por encimita, porque al convivir con la gente se da uno cuenta de que son un desmadre total,

Y ya por último y sobretodo,… que en China, por lo que se puede ver, el comunismo como forma de vida y de gobierno, dejó de existir hace mucho, pero muchísimo tiempo.

Este último punto es para mí como la cereza del pastel respecto a lo diferente que es este lugar con referencia a lo que leímos en algún lado, lo que aprendimos viendo la tele o una película, o nos explicó algún maestro en la escuela, y que conformó en nuestras mentes occidentales un mundo de cuentos, casi idílico, llamado China y su lejano oriente. Pero, ¡oh! sorpresas te da la vida.

Después de una semana de andar ya por todo Shanghái, queda muy claro a los ojos de cualquiera, que esta gente vive y trabaja a cada momento de su vida para subir posiciones en la escala económica. Y es que la idea de lujo y los bienes de alto valor se ven y se perciben en cada rincón de esta ciudad.

Es probable que sean aún objetos inalcanzables para la mayoría de los Shangháiseños (o Shainghaicenses), pero de que todos quieren su rebanada de pastel, eso que ni qué.

Vamos, es tal el fervor que se ve y se percibe en todos lados respecto a la búsqueda de mayores bienes y de un mejor nivel de vida, que si Mao resucitara, con toda seguridad se volvería a ‘petatear’ instantáneamente al darse cuenta que de su revolución cultural, de su idea de igualdad y de su concepción de una vida socialista-comunista quedan solo jirones.

Antes, la estatuota del susodicho que adorna ese paseo con cara y estilo totalmente europeo llamado “The Bund”, no se ha derretido del coraje. Y si no me creen lo de cara y estilo europeo, échenle un ojo.

The Bund
The Bund, en la margen norte/occidental del río Huangpu.
Pudong, margen derecha del río

Dicho de otra forma, a pesar de la tozudez con que el Sr. Mao y su equipo buscaron crear ese nirvana que Karl Marx “se fumó” hace más de 150 años y en el que según ellos, era el pueblo – bajo la romantiquísima idea del proletariado- el que debía dirigir los destinos de la nación siguiendo la receta y la noción de una sociedad completamente igualitaria, y que imprimieron con fanatismo desde 1949 hasta la muerte del chaparrito Mao en 1976,… el comunismo está totalmente desvanecido de la vida diaria.

Numerología china

Tanto pelar elotes para que se los acaben comiendo los burros, hubiese dicho mi abuelita Rosita.

Después de meditarlo un poco, creo que la lección es muy sencilla – y aclaro que no soy sociólogo ni filósofo-, es prácticamente imposible aniquilar, como lo trató de hacer Mao Zedong y su politburó copiado de su vecino Stalin, la ambición que tenemos los seres humanos por crecer y ser mejores, por lograr las mejores cotas que podamos alcanzar. Al final, nos guste o no nos guste, estoy convencido de que eso es lo que mueve al mundo.

Nostalgia
Vendiendo cometas chinas frente a Cartier
Vendiendo cometas chinas frente a Cartier

Ahora bien, por supuesto estoy hablando sólo en base a lo que he visto en una semana y en una ciudad,… puede ser que en otras ciudades o poblaciones de la China central sí se viva de pies a cabeza este tema del comunismo,… con lo que el “ambicionismo” del que he sido testigo pudiera ser menor o diferente. Acepto que puede ser posible.

Solamente que basado en la ley de los vasos comunicantes, sería muy difícil que en una parte se permita la libertad a mansalva mientras que en otra, sin frontera de por medio, ésta esté limitada y dictada por “el proletariado”. Aunque ahora me estoy dando cuenta de que vuelvo a agarrar monte.

Por lo que mejor volvamos al vacilón, así que déjenme contarles de algo totalmente fascinante por estos lares, la comida. Parafraseando mi entrada a esta segunda parte tendría que decir que, la comida china tampoco es comida china,… o sea, no he encontrado un solo lugar que sirva pollo Kumpao o chow mein de res. Bueno, pa’ acabar pronto, ni un pinchurriento rollito primavera (“spring roll” para los muy viajados) me he podido comer con todo y su salsita agridulce, y esto básicamente porque al menos en esta ciudad, no hemos encontrado quien los sirva.

Ahora que si me preguntan, y yo sé que no lo han hecho pero también sé que les pica la curiosidad, esto está lleno de McDonalds, KFC, pizzerías y 7-Eleven,… lo único que no hay son Oxxos, ¡chin!.

Les digo, China no es China, pero todavía no me creen.

Qué he comido entonces, se estará cuestionando más de uno de ustedes,… pues bien, comenzaría diciendo que en muchos casos, no he tenido idea de lo que me he zampado y qué, en los que sí he tenido, puedo decir que no se parece ni en forma, ni en estilo, ni en sabor a lo que venden en el restaurante de comida china de sus localidades y preferencias.

Para empezar, el equivalente a nuestro taco, en China, se llama “dumpling” (creo que su nombre en chino es algo así como ‘jiao zi’) y es lo más socorrido a la hora de comer,… lo comen en el desayuno, en la comida o en la cena, igual que nosotros nuestros tacos, o mis queridos amigos colombianos y venezolanos sus arepas. Sin embargo, estos primeros tienen formas y características muy diferentes. Los dumplings son como una especie de ravioles, esto es, pasta que dentro lleva cosas, desde verduras hasta carne.

Sólo que en vez de ser planito como el raviol, vienen en forma de “kisses de Hershey”, solo que más grandes por su puesto. Los cocinan principalmente al vapor, pero también los hay fritos u horneados. Por lo mismo, son bastante “desabridones”, así que generalmente hay que ponerles salsa de soya para que sepan bien (o mejor dicho, a algo).

Pá que vean que no estoy echando piñas, como dicen en mi pueblo, les muestro con imágenes algunos ejemplos de comida típica que se puede encontrar en Shanghái, casi en cualquier lado. ¿Les suenan conocidos?

Comida china 1
Comida china 1
Comida china 2
Comida china 2
Comida china 3
Comida china 3

Claro está que como buen mexicano, me da por la exageración, sin duda, ya que también hemos comido en lugares bastante decentes y donde hemos podido degustar cosas “menos internacionales” pero más apetecibles.

Eso sí hay que aclarar –y esto sí sin exagerar- que para sentarse y pedir comida en un restaurante chino normal, se necesita una paciencia similar a la del santo Job. Me explico.

Los restaurantes que se precian de buenos, esto es, todo aquel que no sirve comida tipo lonchería, tiene una carta que en el mejor de los casos parece por el tamaño, forma, peso y número de hojas, un atlas geográfico de esos que consultábamos cuando éramos chavos.

Todos vienen en pasta dura de tela, con un dibujo chinesco en la portada y caracteres que bien podrían estar diciendo “chin chin al que no pida dragón rostizado”, aunque también pudiera ser el nombre del comedero. El número mínimo de páginas de un menú oscila entre las setenta y las doscientos treinta y ocho.

Por supuesto, los restaurantes chinos ofrecen dentro de su menú casi cualquier cosa que haya existido en estado vivo alguna vez sobre la faz de la tierra, por lo general desde carne de burro estofada hasta anemonas (neta), pasando por carne de res, pollo, cerdo, pato, cordero, serpiente, tigre de bengala, tigre sin bengala, zorro de las nieves y águila descalza,… sin faltar tiburón, delfín, ballena, erizos, mantarraya y pepinos de mar,… todo eso con la posibilidad de acompañarlos de verduras que yo solo he visto en las películas de Star Trek y en la saga de las Guerras de las Galaxias.

Desafortunadamente yo no tengo la curiosidad de estar fotografiando los platos de comida, siempre he sido muy correcto a la hora de comer y eso de estar tomando fotos no es lo mío, si de por sí me agarraban a cucharazos por estar hablando a la hora de la comida,… no imagino lo que mi madre me hubiese hecho por querer tomarle una foto al plato de albóndigas que nos servía y que era horrible.

Bueno, pues por lo mismo a mí no se me ocurre tomar fotos. Las poquitas que he tomado, las he tomado generalmente cuando alguien ya le metió el palito –y no es albur- al plato.

Aun así se las comparto pa´ que vean de que estoy hablando. Estos dos platos fueron parte de una serie de seis o siete tiempos que nuestros amigos Javier y Wentin (el primero español, la segunda china y casados uno con la otra) que da la casualidad que ahora viven en Shaghái, nos convidaron en un restaurante espectacular llamado algo así como “Dama del Sur”.

Comida china 4
Comida china 4

El plato de la foto llamada “Comida china 4” era una carne de res con tallarines, verduras irreconocibles pero sabrosas y mucho chile.

Comida china 5
Comida china 5

El plato llamado “Comida china 5” era de trozos de pescado (que no se ve por que estaba oculto bajo el caldo) con trozos de tofú y mas tallarines. Lo verde que se alcanza a ver en forma abundante es chile. Este uno de los platos más picantes que he comido en mi cincuentona vida, sin duda.

Si no hubiera sido por el dominio del idioma e idiosincrasia de la región por parte de Wentin, yo creo que para estas alturas (tres días después) apenas iríamos en la página 42 del dichoso menú. Esa noche también comimos unas verduras, unos rollos de algo que podría haber pasado por col remojada en una salsa de cacahuate de muy buena confección y unas rebanadas de carne de res que venían colgadas en una especie de mini caballete, acompañadas de otras verduras de colores y sabores diferentes. De postre hubo unos dumplings rellenos de una especie de mermelada de nuez, también muy buenos. De todo esto no hay fotos, sorry.

La gran ventaja que tienen los aparatosos menús mencionados es que vienen pletóricos de fotos que ilustran con gran detalle los platillos en cuestión y pues eso hace más fácil la selección para aquellos no iniciados en las oscuras artes de la comida china. Y es que generalmente los postres vienen a mitad de la carta (esto de carta es una licencia poética que me estoy permitiendo con manga muy ancha) y el orden bajo el cual están construidos cada uno de los dichosos libros sólo debe ser conocido por el que lo diseñó y por su esposa (que ya saben que en todo andan de metiches).

Ahora, de lo que no he hablado es de la comida de la calle. Bueno, ahí sí que no me alcanzaría ni el tiempo ni las palabras para describir la enorme variedad de “delicatessen” que se encuentra uno por toda clase de calles, callejones, callejuelas, pasillos, andadores, avenidas, caminos, puentes y corredores que conforman la geografía urbana y suburbana de la China actual.

Así es que tendrán que esperar al siguiente capítulo para continuar viajado por este país que no se entiende ni el mismo.

Les mando un fuerte abrazo.

Shanghái, China, a 25 de noviembre de 2011.

Publicado por JC Christy

Pasajero de esta nave llamada mundo,... deseoso de escribir, de compartir ideas, reflexiones, y lecciones aprendidas... con el reto de hacerlas sencillas e interesantes, buscando motivar, divertir, enseñar, aprender.

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