Easy, piece,… Japanese. (Léase isi, pici, yapanisi)

La vida no es muy larga, pero sí es muy ancha.    Eulogio Naz.

Imaginen que viven en el país de “al revés”,…

Imaginen que en su país, al ir al templo a rezar, en vez de pedirle cosas al Creador o a su corte celestial (para los que creen en ello), la gente va a ofrecer cosas, ya que en el colectivo de la población subyace la idea de que Dios, al ser poderoso en todo (que no todopoderoso), ya sabe lo que necesitamos, y por lo mismo, no hay necesidad de decírselo, sino más bien hay que contarle qué estamos dispuestos a hacer u ofrecerle a cambio de su celestial favor.

Imaginen que en su país, conducen del lado izquierdo del camino.

Imaginen que en su país, los trabajadores que quieren ganar más, en vez de dejar de trabajar, trabajan más duro para demostrar que son dignos del aumento, aunque los que tienen que tomar la decisión se tarden meses en tomarla.

Imaginen que en su país, los taxis están más limpios que un plato recién lavado, los conductores de los mismos son amables, la gran mayoría usa corbata, le abren la puerta al pasajero al subir y al bajar y jamás se les ocurriría llevarlos por un camino que no es el más adecuado.

Imaginen que en su país, al llegar a trabajar, el primero que llega se estaciona en la parte más alejada del estacionamiento, y así sucesivamente, de manera que el que llegue al último se estacione cerca de la entrada y pueda llegar a tiempo a su sitio de trabajo.

Imaginen que su país no se llama como todo el mundo cree que se llama.

Imaginen que su país está partido físicamente en 6,852 piezas.

Imaginen también que todo el mundo llama a los habitantes de su país con el gentilicio de su peor enemigo.

Imaginen que dado el poco espacio y los muchos habitantes que tiene su país, en muchas de las calles no hay banquetas y aun así, no hay atropellados. Y también imaginen que las direcciones no se usan para encontrar domicilios, sino que se convierten en una referencia genérica acerca de la posibilidad de encontrar una casa, un edificio, un restaurante.

Imaginen que viven en un país donde todo funciona, desde las licitaciones de compra pública hasta los baños de la calle.

Imaginen que viviendo en ese país son testigos de que cuando alguien no hace lo que le toca, él o ella se van solitos, sin que tengan que despedirlos o sin que sus cuates los ayuden a meterse de diputados para lograr un fuero que les permita no pagar por sus errores.

Imaginen un país dónde si a un servidor público lo agarran robándose una lana, así sea el equivalente a cincuenta pesos, lo meten a la cárcel y nunca más puede ser servidor público.

Imaginen que en su país, la calidad de vida es de tal forma, que tienen la esperanza de vida más alta de todo el mundo mundial.

………………..

Tantas cosas de que hablar y no sé por qué me dio por hablar de ellos.

Pero el país llamado Nihon, o Nippon – cuya traducción real es “El Origen del Sol”- siempre me ha parecido extraordinario y por lo mismo me ha llamado mucho la atención. Tuve la oportunidad de viajar y conocer un poquito de Japón los primeros días de marzo del 2005, o sea hace casi exactamente 10 años.

Aunque por desgracia sólo pude conocer el gran Tokio, la visita me dejó un excelente sabor de boca y desde entonces espero la oportunidad de volver a esa parte del planeta que funciona a contra flujo.

Por supuesto, lo que más me llamó la atención fue encontrar como los japoneses vibran en una frecuencia muy diferente a la nuestra. Simplemente el hecho de ir al templo y hacer exactamente lo contrario de lo que hacemos muchos de nosotros, habla de esto.

Ahora que lo pienso, creo que lo que me hizo pensar en Japón y en sus “soleados” habitantes es en la influencia que este país tuvo en mi niñez y primeras juventudes. Cuando yo era niño, muchas de las cosas que comprábamos decían al reverso, “made in Japan”, desde muchos de mis juguetes hasta el porta-servilletas de la mesa de la cocina, pasando por supuesto por los radios de transistores que jugaban en la posición de “damos de compañía”, vertiendo canciones, programas y noticieros durante los días y las noches de nuestras primeras juventudes.

La Pantera, Radio Mundo y Radio Éxitos  -esta ultima en la frecuencia de 790 KHz de amplitud modulada- no hubieran sido lo que fueron en los 70´s, con sus programas de los Beatles vs. los Rolling Stones o los Creedence sin la desparpajada complicidad de los japoneses que armaban y vendían los mencionados aparatos marca Admiral entre otros, desde allende el Pacífico.

Y para los que no se acuerdan, la gran mayoría de estos radios (por no decir todos) usaban baterías,… sí, pilas Ray-o-vac o Aguila Negra, o Eveready. Las Duracel con su acojonante conejito, aun no existían. Y por supuesto, estas pilas también estaban fabricadas por estos “chinos” que vivían, trabajaban y se reproducían en alguna de las seis mil ochocientas y pico de islas que componen el archipiélago japonés, el cual creo que sólo es comparable con el de la hermana Repúblika ng Pilipinas (como los filipinos llaman a su país en “petit-committé”).

Además de los radios de transistores, la otra gran aportación japonesa a nuestras menudas vidas fueron los programas de la televisión. Destaco dos de ellos.

El primero, contaba las historias de dos niños que habían tenido la “suerte” de encontrarse con una chica venida de otro planeta que durante varios años fue su niñera. Koji, Takeshi, Chivigón pasaron de ser los nombres de los personajes principales de ese extraordinario programa llamado “Señorita Cometa”, a ser apodos de medio mundo, increíblemente aun en días y fechas recientes. Ver el programa de Señorita Cometa era una gozada.

El segundo fue también uno de mis programas preferidos de la niñez, donde un miembro de la “patrulla científica” llamado Hayata, tuvo el sonado privilegio de pegarse una “leche” con un ser del espacio llamado Ultraman. Como consecuencia de este encuentro, cada vez que llegaba un monstruo a las costas de Japón -lo cual al parecer en los 70’s ocurría un día sí y el otro también- Hayata tomaba una cápsula, llamada Beta, ponía rodilla a tierra, levantaba la cápsula y se convertía en Ultraman, con lo cual, adquiría el poder y la fuerza suficientes para aniquilar “godzillas” por doquier.

Qué programas tan buenos eran los japoneses.

Luego hubo otros que quisieron copiar a los primeros, como Ultraseven que era una copia del programa de Ulttraman y que nunca me gustó por lo mismo. Y estos programas fueron los abuelitos de otros, como los Power Rangers que veían mis hijos de pequeños.

Y claro, hubo y había toda clase de caricaturas, de esas donde los chicos y las chicas salían con unos ojos enormes y redondos, totalmente distintos a los de los hijos del sol naciente. Lo curioso es que retrataban no solo las costumbres del imperio japonés, sino que también se metían a otros lados, como Meteoro y su Mach 5 (mi hermana Laura cuando muy pequeña decía que ella era Meteoro), o Astroboy o incluso Heidi y todas sus variantes desde Candy Candy hasta Sailor Moon. Pero quizás mi favorita fue “El Hombre Par”.

También en mi niñez y primera juventud, tuve el privilegio de ver muchas películas donde los japoneses eran, después de los nazis y de los nativos americanos -llamados también “pieles rojas”- el enemigo público favorito a vencer de los gringos. Y claro a los pobres japonésidos los ponían a parir chayotes en todas las pelis y siempre eran vencidos por las fuerzas del bien, que bendito sea Dios, viven en la calle de enfrente.

Así que el Japón, o el Nihon, o el Nippon de los sesentas y de los setentas y de los ochentas fue, después de haber perdido a casi tres millones de sus hijos en la ultima guerra mundial, después de haber tenido el muy discutible privilegio de recibir no una, sino dos bombas nucleares, después de que sus ciudades principales fueran arrasadas por los aviones y las bombas venidas de la “tierra de la libertad”, repito, fue, con sus personajes, sus historias y sus grandes ojotes, un faro de luz y de entretenimiento en nuestras vidas y sin duda siguen siendo un gran ejemplo a seguir.

Y aunque en este espacio es todo por escrito, me gustaría dejarlos con una imagen. La imagen con la que la Tokyo Broadcasting Corporation terminaba el programa, mostrando un globo terráqueo teniendo a Japón y sus miles de islas justo en el medio.

Creo que esa imagen fue de las primeras que me hizo pensar que en el mundo había diferentes perspectivas de un mismo concepto. Y que todas pueden ser correctas.

Y como diría la mismísima Yumiko Kokonoe en su gustado papel de Kometto-San, おやすみ (Oyasumi) que quiere decir, buenas noches.

Monterrey, N.L. a 28 de febrero de 2015.

7 comentarios en “Easy, piece,… Japanese. (Léase isi, pici, yapanisi)

    1. Tienes toda la razón, mi querido Toño, este era también un gran programa,… lo que pasa es que a estas alturas del partido, ya me empieza a cascabelear la segunda.

      Te mando un fuerte abrazo y gracias por leerme.
      JC

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  1. Juan Carlos, saludos desde Tokio. Hace ya muchos años desde que coincidimos en México (un verdadero montón)… Espero que aún te acuerdes de mí.
    Me ha gustado tu artículo. Lo curioso del caso es que es cierto. Y eso sin hablar del nivel de servicio y la sonrisa permanente de cualquiera.
    Sin ir más lejos, el mes pasado The Economist seleccionaba Tokio como la ciudad más segura del mundo. Lo que no deja de llamar atención cuando Tokio es también la ciudad más poblada y los políticos en todas partes señalan al crecimiento de la población como la causa irremediable de problemas de convivencia, violencia, etc.
    Pero también es cierto que Japón es el país más endeudado y más envejecido del mundo. Que la economía no levanta cabeza, mucha gente vive (en paz) con trabajos de subsistencia, la tasa de suicidios es de las más elevadas del mundo y todos saben que en cualquier momento podemos tener otro terremoto que deje pequeño al de Fukushima.
    Me costará irme de Japón, como en su día me costó irme de México. Pero hay que disfrutar de las cosas buenas de cada sitio y de cada momento.
    Un fuerte abrazo

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    1. Estimado Paco,

      Antes que nada te agradezco tu comentario, pero tengo que confesarte que no te recuerdo así de entrada, por lo que te pido me envíes al menos tu apellido para poder ubicarte, y es que como le respondí a otro buen amigo, ya me cascabelea la segunda,… ja ja ja ja.

      Qué padre que tengas viviendo en Japón muchos años. Sin duda es un país extraordinario en muchos aspectos, y como no hay felicidad completa, efectivamente también tiene sus puntos flacos.

      De hecho, creo que otro punto negativo es la gran presión que muchos jóvenes tienen por conseguir un buen trabajo o un puesto importante en las compañías para las que trabajan y eso causa mucha frustración, que puede llegar al suicidio como bien mencionas.

      Al final me quedo pensando en lo interesantísimo que sería que en México adquiriésemos y pusiéramos en práctica real (no simulada) algunos de los principales conceptos de la cultura y la educación japonesa. Seríamos sin duda y por mucho, el mejor país de América Latina.

      Te envío un fuerte abrazo y disfruta mucho la vista de los cerezos en flor, que los de acá no podemos observar. Seguimos en contacto.
      JC

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  2. Esta entrada la leí después de la posterior sobre “la Pape”, y nuevamente me encantaron las remembranzas, a las que añado las series de “Marino Boy” y “Kimba, el león blanco”. Y por supuesto, también muy buenas las reflexiones de ese gran país.

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