¿Cuántos Esteban, cuántos Marcos?

“Sometimes I don’t (take the picture). If I like a moment, for me, personally, I don’t like to have the distraction of the camera. I just want to stay in it”    Sean Penn as Sean O’Connell

Esto de pensar en el destino no deja de tener su lado romántico.

Como dije, no creo en él, porque esa idea merma de tajo mi libertad de elegir y con ello la de crear mi propio camino y su(s) resultante(s).

Sin embargo el simple hecho de que exista la palabra “destino” y de que la empleemos todos de forma tan común, debería moverme a hacer una reflexión más profunda.

¿Que me depara el destino?, decimos con frecuencia y tengo la impresión de que la sola idea de plantearnos la pregunta, nos ayuda a relajar el cuerpecito y a sentirnos menos estresados y más contentos con nosotros mismos, ya que la decisión de lo que se nos venga encima, no nos toca a nosotros y entons, ¿pa’ que estresarse?

Y es que si claro, un Ser supremo, o el universo, o la madre naturaleza, o el karma nos tienen ya separado un lugar en el futuro, pos ya pa’ que me “esfuerzo”.  Es más, el boleto y el asiento que traigo en este viaje, me lo dio alguno de los enunciados líneas arriba, así que a comer y a chupar, que el mundo se va a acabar.

Déjenme plantear otra situación por la cuál no le encuentro cabeza ni pies a esto del destino y a todas sus acepciones.

Creo muchos de nosotros sabemos quien fue Steve (Esteban) Jobs (Trabajos) y conocemos algo de su muy curiosa historia, ya sea porque leímos el “ladrillo” que Issacson escribió acerca de la vida del Sr. Jobs, o porque como yo, vimos la película interpretada por un tipo que lleva por nombre Ashton.

Pues bien, la vida de este hombre además de ser curiosa, ha dejado una marca tamaño Vía Láctea en nuestras vidas.

Pa’ no ir mas lejos, esta entrada a mi blog, la quinta, la estoy escribiendo a dos dedos pulgares en un aparato que si bien él no creo per se, sin duda impulsó y que la que fue su compañía fabrica y vende el día de hoy por decenas de miles de millones.

Pero bueno, a lo que iba.

Steve (o Estaban pa’ su muchacha que era de origen mexicano y que nunca aprendió a hablar inglés), hizo, como resultado de su visión y de su trabajo, cientos de millones de dólares. Muchos le tocaron a él, con lo que pudo vivir como maharajá (lease majarajá) buena parte de su vida.

Y no sólo eso, sino que debido a eso mismo, ha sido y será el gran influenciador de la tecnología electrónica y de la forma de comunicarnos por muchos muchos años. Lo que quiere decir que cuando nosotros (y él también) nos volvamos a convertir en polvo cósmico, los que anden por ahí, aun lo recordarán.

Propongo otro ejemplo, quizás un poquito menos dramático pero para el caso de mi caso, de igual ejemplareidad.

Ahí tienen a Mark (Marcos) Zuckerberg (Montaña de Azúcar).

De este individuo también sabemos cosas. El Sr. Issscson no le ha escrito la biografía (aún) pero si vimos una peli de su vida.

Además de pintarlo como un “petardo”, queda claro que el entonces mozalbete se tiró de cabeza en una idea que si bien de nueva tenía casi nada, lo hizo de una forma totalmente diferente.

El caso es que como resultado de las ganitas que le echo a su idea, el chavo es, lo que se conoce en mi pueblo como, multimillonario. Y en dólares del Tío Sam.

Ya sé que algunos de ustedes estarán pensando otra vez, “¿pa dónde va este güey?”, pues voy a que si el destino existe, ¿por qué  carajos no me eligió a mi pa ser Esteban o Marquitos?

Dicho de otro modo, ya saben que a mi me gusta ver las cosas de “otro modo”…, ¿quién rayos decidió que ese par de gringos fueran famosos y ricos y no yo, o en su caso alguno de mis parientes?

¿Por qué darles tantas cosas a ellos y tan poquitas a otros, incluyéndome yo merito?

¿Por qué el destino fue tan injusto conmigo y me mandó a un país donde la alegría se basa en echarse un taco de cochinita pibil y ver perder al América?

No, pos,… Que alguien me explique, ¡¡que caray!!

Aventuro una posibilidad más,… ¿y si fue el trabajo, el esfuerzo, sus decisiones, las decisiones de algunos otros, su DNA y el no tener que pagar cuentas de la luz tipo CFE que les vaciaran el bolsillo, lo que les permitió llegar a donde llegaron y ganar lo que ganaron?

¿Cuántos más Marcos y Estabanes pudo haber en la vida si nos hubiéramos dejado de historias y nos hubiéramos puesto a estudiar y trabajar con ahínco desde y en el momento adecuado, para aprovechar las oportunidades que probablemente nos pasaron por enfrente?

Seguramente muchos más.

¿Fue un momento (o varios) de desidia, de cansancio, de falta de estímulo, de falta de visión, de pereza los que han impedido que muchos otros seamos o tengamos lo que mis cuates Stevie and Marky?

También, seguramente.

Y me podría aventar algunos otros ejemplillos como estos. Pero como diría mi muy querido amigo el conejo Sartoni, ¿pus, pa’ qué?

Para mí, quien cree en el destino tiene alma de sindicalizado peronista, de esos que en los años 50’s del siglo pasado se acostumbraron a estirar la mano para recibir de un ser superior el estipendio y sólo gracias a ello, cualquier posibilidad de hacer y vivir.

Por eso la pobre Argentina está como está.

Pero por eso también muchos estamos como estamos. 

Aquí le paro nuevamente con este tema. Seguiremos elucubrando.

Monterrey, N. L., a 27 de febrero de 2015.

3 comentarios en “¿Cuántos Esteban, cuántos Marcos?

  1. Mi estimado Juan Carlos, coincido contigo en la convicción de que el destino y la suerte no nos son impuestas desde el más allá.

    Creo firmemente que ambos bienes se reparten por la mañana, temprano, cuando nos despertamos y empezamos a forjarlos. Lo complicado llega cuando tenemos que sumar la suerte y el destino de todos los que formamos una familia, comunidad, ciudad, etc.

    El esfuerzo requerido para que como sociedad tengamos un mejor destino y suerte, va por modificar desde la base cultural y educativa de nuestro pais, va por la tolerancia a la diferencias y la solidaridad con nuestros semejantes.

    Sólo así habrá un entorno viable para que se desarrollen los Marquitos y los Estebanitos del futuro.

    Buen día… caminando y andando, para no hacer hoyo.

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