Aclarando,… amanece

Estoy empezando a entender lo difícil que es transmitir un mensaje de forma que la mayoría de los receptores entiendan más o menos lo mismo y que ese entendimiento vaya en línea con la intención original del emisor.

Dicho en otras palabras, está canijo hacerse entender bien y de buenas, a la primera. Y es que recibí varios comentarios de buenos amigos y de personas por quienes tengo cariño y respeto, donde me dieron a entender que les parecía que me estaba fumando un churro tamaño vagón-línea-12-del-metro o que estaba pasando por una crisis existencial de proporciones galácticas.

Pero ni uno, ni lo otro.

Por lo mismo déjenme hacer varias aclaraciones:

  1. El capítulo anterior se llamó “Jonás y los argonautas”, en lugar de “Jasón y los argonautas”, que es el nombre dado a una epopeya de la mitología griega, por la sencilla razón de que uno de mis más antiguos amigos me bautizó como Jonás hace muchos muchos años –basándose él a su vez en el nombre del jefe de Peter Parker, llamado J. Jonás Jason-. Este sobrenombre me ha acompañado de manera velada durante toda mi vida y en la actualidad tengo varios amigos que así me siguen llamando. Y es debido a esto que hay personas que hoy piensan que mi nombre real es Jonás.
  2. A pesar de lo loco que pudo haber sonado mi escrito anterior, la verdad es que no estoy sufriendo ni padeciendo ninguna crisis, ni sufriendo de alucinaciones. Creo que lo que quise decir es que hoy tengo dudas que años atrás ni me planteaba, a pesar de que, filosóficamente hablando, soy básicamente el mismo de hace diez o quince años.
  3. He estudiado y leído acerca del origen del universo y creo entender algunos de los preceptos básicos, también he leído acerca del origen de la especies y en la universidad llevé un curso llamado “Ciencia, Filosofía y Religión”, donde leímos y discutimos acerca del origen de nuestro mundo y del ser humano, desde esos tres puntos de vista y leímos a Theilhard de Chardain, a Charles Darwin e incluso algunos capítulos de la biblia. El punto para mí ahora no es explicar cómo llegamos, sino para qué llegamos.
  4. Nadie me lo preguntó, pero por si se quedaron con la duda o si a alguien se le hizo extraño el comentario, morir por la ruta 53 es un término beisbolero que ocurre cuando, después de un batazo, el parador en corto atrapa la pelota, se la lanza al primera base y este pone “out” al corredor. Es una forma rápida de salir del juego.

Ahora bien, una de las razones por las cuales escribí lo que escribí, es que yo soy de los que tienen la firme convicción de que el destino no existe, y por lo mismo no estamos cumpliendo los designios de nadie, ni siquiera los de Dios (y nuevamente les pido que no se me vayan a echar encima, plis). Denme “chancita” de explicar.

La razón por la cual pienso que el destino no existe es porque va directamente en contra de uno de los valores más profundos –quizás el más importante- del ser humano, que es el libre albedrío. Y este tema del libre albedrío o de la libre elección es, para mí, uno de los más olvidados y de los más maltratados de todos los aspectos que forman a una persona, física y espiritualmente hablando.

A qué me refiero, estará pensando más de uno,… pues me refiero a que esta capacidad de elegir libremente por nosotros mismos, es la causa primera que nos hace ser lo que somos.

Y es esta capacidad la que nos hace responsables, a nosotros mismos, ni más ni menos, de todo lo que nos pasa.

Si tenemos, si somos, si amamos, si somos amados, es fundamentalmente porque así lo hemos deseado y hemos actuado –muchas veces consciente en otras ocasiones inconscientemente- en esa dirección. Ni más ni menos.

No creo que haya ni premios ni castigos en esta vida, creo que hay logros y fallos. No creo ni el cielo ni en el infierno. Ni creo que Dios nos dé o nos quite. Esto último es un comportamiento tan humano que me es imposible pensar que un ser tan especial como Dios mismo, pudiera tener estas limitaciones. Las iglesias en general pasan de puntitas por este tema ya que es muy difícil hacerlo coincidir con la idea de que tenemos que obedecer o resignarnos a “los designios de Dios” o “de que no cae la hoja de un árbol si no es por mandato divino”.

Por esto mismo, estoy en contra de expresiones tales como, “por algo suceden las cosas” o “no hay mal que por bien no venga”. El determinismo nos pone al nivel de meras comparsas, de marionetas de alguien o algo y eso, si lo pensamos un momento con profundidad, sería muy triste, porque entonces no importa lo que haga, ya el destino me tenía reservado tal o cual fin.

En uno de los comentarios recibidos, una muy gentil amiga me hacia la observación de que quizás la razón de estar aquí es simplemente ser felices. Y si bien en algún momento creí en ello (y sigo pensando que ser felices es un “must”), ahora que lo evalúo me parece un pensamiento un tanto egoísta y muy persona-céntrico y no sólo eso, para que montar este súper escenario en “technicolor” llamado universo, si sólo tenemos que ser felices. Un niño nos demuestra que con una caja de cartón basta para ello.

Y luego se me ocurre otra cosa, ¿qué pasa con los perros y los gatos?, ¿o con los elefantes y los tiburones?, ¿son sólo parte del escenario como las figuras de pastores en un nacimiento?,… ¿cómo le hacen para ser felices y trascender, siendo que todos ellos también fueron creados por el mismo Dios, no?

Así que si no hay un destino, entonces, la pregunta de para qué estamos aquí tiene no solo todo el sentido del mundo, sino que además, me parece que debería ser una cuestión a la que deberíamos dedicar tiempo y esfuerzo en responder, si no, nuestras vidas habrán sido en vano, por muy bien que la hayamos pasado en los días, meses o años en los que estuvimos pululando por este planeta.

Sin embargo, esta aclaración tiene otros puntos que no puedo explicar. No puedo explicar por ejemplo, porque un bebé o un niño pequeño enferman y mueren a edad muy temprana. Tampoco puedo explicar la maldad intrínseca de algunas personas que llegan a infligir un daño terrible en otros. Pero como en toda teoría, no porque la misma tenga huecos, quiere decir que esté errónea.

Cuando cumplí 50 años escribí una lista de agradecimientos, comenzando con mi familia y siguiendo con mis amigos, e incluí lo siguiente acerca de cómo entiendo el papel de Dios en nuestras vidas: “…Y por supuesto, agradezco a Dios, ese Ser que para mí no solo es el gran Hacedor, sino más bien el gran Facilitador, no el que dirige, hace, impone o castiga, sino el que procura, acerca, permite, y pone el pase para que nosotros decidamos si metemos el gol o no. Le agradezco infinitamente por el cuerpo sano y la mente razonablemente lúcida que me dio, pero sobretodo le agradezco el camino que me puso enfrente hoy hace cincuenta años y por todos los apoyos que me dio y me sigue dando para recorrerlo en la forma de familia, amigos, compañeros”.

Así que para mí, la pregunta sigue no solo en pie, sino además me empieza a exigir una respuesta que no tengo y que espero encontrar antes de entregar los tenis.

Y bueno, el vuelo de regreso de Tijuana a Monterrey se acerca a su fin, y con ello, el tiempo que tenía para escribir una entrada más.

Nos leemos pronto.

Monterrey, N.L., a 18 de febrero de 2015.

3 comentarios en “Aclarando,… amanece

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