Jonás y los argonautas

“Hacer cumbre en el pico de la montaña, es sólo la mitad del camino”… Demetrio Carrasco

Esto de tener un blog o de querer ser “bloggero” está resultando más estresante de lo que ya había imaginado. ¡Mecachis!

Comenté que tengo enormes ganas de escribir, cosa que ciertamente no ha cambiado, sólo que ahora no hallo el tiempo para hacerlo.

Quiero escribir y quiero meditar acerca de lo que escribo, pero no hallo el momento. Compongo pedazos de elocuciones y de ideas para compartir al levantarme de la cama, o mientas me baño, o cuando voy conduciendo hacia el trabajo, o mientras como, o cuando estoy esperando que el avión despegue y no hay mucho que hacer. El problema es que en ninguno de esos momentos tengo mi computadora encendida y a mano, para pegarle a las teclas y verter en bits y bytes, lo que estoy pensando.

Y hacerlo en un cuaderno me resulta poco práctico, ya que además de que tampoco lo puedo meter a la regadera, luego está la tarea de pasar todo en limpio, como nos lo solicitaba aquel buen maestro de la secundaria de nombre Gildardo Rangel Maldonado, aunque el “magister” solicitaba realizar dicho esfuerzo con tinta china. Pero bueno, sin divagar, el caso es que tampoco tengo tiempo para eso.

Y en cuanto a establecer la temática por abordar o cubrir en mis escritos, pos estoy peor que cuando di el primer ‘teclazo’ oficial hace ya quince días. Se me vienen tantas opciones a la cabeza, que la verdad no tengo ni idea de cuál camino coger. A veces pienso que me gustaría escribir de lo que nos pasa cada día, otras veces quiero escribir de historia o de política o de ambas combinadas, otras tantas de datos interesantes a los que por que por cotidianos, no les prestamos la menor atención. El caso es que sigo sin rumbo, ¡joder!

Por ejemplo, hace poco una querida amiga preguntó en su página de Facebook si era lo mismo el azúcar mascabado y el azúcar moreno ya que quería hacer unas galletas, y bueno, las respuestas que recibió eran un galimatías, ya que de las muchas aportaciones que tuvo, prácticamente ninguna respondía a la pregunta de forma directa, ya no digo con veracidad, por lo que en ese momento me pareció interesante compartir lo poco que sé de la fabricación del azúcar y de la diferencia entre un azúcar y el otro, cosa que al final ella agradeció.

Así que compartir datos e información de manera sencilla y ordenada puede ser otro camino. Pero me pregunto, acaso Don Jorge Luis Borges tuvo las mismas dudas e inquietudes cuando comenzó a escribir. NPI.

(Y ya que encontré tiempo este domingo para escribir y me estoy inspirando, tengo que hacer una pausa para prepararle al menor de mis hijos, una malteada de mango, uff).

Bueno, a lo que estaba.

Para mí, lo interesante de esta pequeña anécdota es que cuando compartí en su muro virtual lo que sabía respecto del azúcar, no pude evitar remontarme a mis años de universitario y recordar información que incluso alguna vez fue parte de las preguntas de examen en la clase de química orgánica. Por lo que confieso que al escribir mi pequeña aportación, me invadió un cierto calor en el corazón relacionado con épocas, vivencias y amigos ya idos, pero sobretodo, me hizo reflexionar acerca de que ya estoy en un edad donde a veces lo que pasó hace veinte o treinta años me parece (¿nos parece?) más claro que lo que ocurrió hace un par de semanas.

Y creo que esto es signo inequívoco de que ya estoy más para allá que para acá.

Así que esta breve reflexión me llevó a otra. Y es que últimamente una de las cosas en las que paso más tiempo pensando, es en el fin de mi vida. O en el fin de nuestras vidas, ya que todos vamos pal’ mismo despeñadero. Ojo, no es que esté pensando en morirme ya, pero es un hecho de que en algún momento yo, tú, él, ella, nosotros, vosotros y ellos, nos vamos a ir en un viaje sin retorno a otro sitio que no es este.

Y cuando digo fin, hablo y pienso en dos sentidos, tanto en la terminación de la vida misma, cómo en el propósito de estar aquí, de hacer lo que hacemos, y de lo que dejaremos o nos llevaremos una vez nos hayamos ido.

Y bueno, independientemente de imaginar la forma, tamaño, color u olor del lugar al que vayamos a dar –y aquí cada quien tendrá sus propias preferencias, desde Caronte y su barca rumbo al otro lado de un río lleno de almas pecadoras, a un sitio entre nubes con angelitos por todos lados tocando lindas melodías en arpas, hasta los que creen que irán a dar a la Djanna, un lugar paradisíaco con las 50 o las 200 huríes (ya no me acuerdo cuantas son), para darle alegría a lo que sea que les quede de cuerpo/alma/mente/espíritu- para mí la interrogante principal en estos momentos está todavía de este lado del río.

¿Para que venimos?,¿ cuál es el propósito de pasar cincuenta, setenta, noventa años o los que sea en esta cuasi esfera, flotando por un espacio del que todavía tenemos más preguntas que respuestas?

Y tengo que confesar nuevamente, aquí me surgen las dudas a lo bestia. Vamos a pensar en dos escenarios. El primero y el segundo. Bravo güey, estará pensando alguno de ustedes. Pero no se me arremolinen, déjenme ver si puedo establecer la idea y la siguiente pregunta.

Primer escenario. La persona, nace bien, sin problema alguno, digamos sanito/sanita, tiene un desarrollo y una formación estándar tirándole a buena. Adquiere y desarrolla una serie de conocimientos y habilidades que le permiten hacer lana –ni poca, ni demasiada- la suficiente para vivir bien, de forma confortable, darse algunos lujos como viajar, echarse sus “whiskies”, tener un medio de transporte de esos que levantan suspiros o envidias según el vidente que lo mira pasar, se casa –me abstengo de opinar-, tiene hijos los cuáles le salen unos bien y otros pa’ la madre, pero que también tienen un desarrollo y una formación estándar y así. Buena parte de su tiempo y de su energía lo gasta en el trabajo, construyendo lo que llamamos una carrera profesional en la cual, para efectos de mi ejemplo, digamos que es exitoso y logra ser una persona reconocida en la compañía para la que trabaja o en el medio en el que se mueve.

Pasados los años, digamos unos ochenta, después de algunos viajes más y otros whiskies, se pela.

Segundo escenario. La persona nace en el seno de una familia con un ch…orro de problemas. Su infancia, adolescencia y primera adultez resultan ser poco edificantes. La persona tiene problemas de salud, de baja autoestima, de dinero. Su vida transcurre en medio de situaciones poco estructuradas, es decir, le gusta el pedo y el desmadre, no tiene lana para comprarse un carro –una nave decíamos en los 70’s-, tiene chambitas por aquí y por allá que le permiten ir viviendo. Siempre le debe dinero a alguien. Se casa por no dejar y tiene un par de hijos con los cuales nunca establece una relación cercana y afectiva aunque se asegura que siempre tengan qué comer y qué vestir. Nunca compra una casa, ni se va de vacaciones, esto último debido a que no tiene parné para irse, pero tampoco es que le encuentre mucho chiste a eso de las vacaciones. Nunca lee un libro completo.

Un día, se pelea con unos compadres, uno de ellos le clava una daga china en pleno pecho y también se pela.

Creo que lo primero que pensaríamos es, bueno, los dos se pelaron, pero el primero tuvo una vida más fructífera que el segundo. Quizás hasta nos animemos a decir que el primero fue más feliz, cosa que yo me permitiría dudar ya que estuvo casado. Pero independientemente de eso, ¿qué?

Es cierto, uno pudo haber tenido más comodidades que el otro, pero al final ambos se fueron por la ruta 53 y no se llevaron ni los whiskies puestos. Uno regó amargura y mediocridad por todas partes y el otro dejó un poco de fama y fortuna, pero ¿y luego? ¿cuál es la esencia de ambos, y para el caso de todos nosotros?

Y es que eso de venir y sí, aprender, convivir, amar y ser amado, construir aunque sea un castillito de arena, ayudar a otros, ser un cantante de ópera famoso, irse a esquiar a los tres valles, comerse un pedazo de tarta Sacher en el mismísimo hotel donde la inventaron, tomarnos unas ginebras –de preferencia Hendricks- con ralladura de pepino y unas gotas de limón, escribir una novela o irse de vacances a las Seychelles está padrísimo, pero, ¿a eso venimos?, ¿se montó este escenario tan fastuoso como es nuestro planeta, dentro de este espacio que como dije hace un momento no sabemos ni con qué se come, sólo para leer a Don Miguel de Cervantes o a Rousseau o el Chanoc, comernos un helado y pelarnos al otro mundo?

Ha habido algunos seres extraordinarios que a lo largo de 10,000 años de historia de la humanidad han dejado una huella importante de su paso por esta tierra, pero aun así, ¿a eso vinieron?, ¿lo sabían cuando llegaron o lo fueron averiguando en el camino?, pero sobretodo, ¿qué se llevaron, una satisfacción? En algunas/os hasta lo dudo. ¿O se fueron igual que mi amigo del segundo ejemplo?

Y si el propósito de haber montado todo este garito es ese, ser extraordinario, ¿por qué no todos podemos?, ¿quién ha descubierto qué, que es lo que hace que nuestro paso por este “valle de lagrimas” (como odio esta pinche expresión) tenga un sentido o un propósito?

Ahora bien, ya que dejé clara mi duda y mi gran escepticismo, déjenme aventurar una respuesta,… sólo pido que aquellos con espíritu talibán no me odien ni me insulten hasta cansarse. ¿Y sí el objetivo fuese el encontrar la forma de permanecer, o sea de no irnos?, ¿Si el objetivo fuese usar un cuerpo, hacer mucho de lo que dije arriba incluyendo cantidades generosas de gin and tonic e ir brincando de una vida a otra, como quien va saltando de piedra en piedra para cruzar un río?

Y bueno, son las 2:20 de la mañana, acabo de aterrizar en Tijuana, BC y me tengo que levantar temprano a chambear, porque a mi jefe le da lo mismo que yo esté a punto de tener una crisis existencial,… la registradora tiene que seguir sonando. Por lo mismo, aquí le paro.

Pero seguiremos.

Tijuana, BC, 17 de febrero de 2015.

10 comentarios en “Jonás y los argonautas

  1. Hola Jonás, inevitablemente me pareció llamativo el título de tu entrada, tú sabes bien porqué. Respecto a tus disquisiciones de trascendencia, en buena medida a eso dediqué mi blog. Y sobre el proceso de escribir un blog, me identifiqué mucho contigo pues también tenía muchas ganas de escribir y fue todo un reto. Al principio, fue complicado pues escribí sobre un tema que a mucha gente le da roña y me entusiasmaba tener unas 100, 500 visitas, pocas de amigos. El primer año “le eché muchas ganas” y escribí casi cada semana pero las visitas no repuntaron mucho. El segundo año escribí un poco menos pero el blog despegó. En los últimos 2 años casi no he escrito nuevas entradas, muy a mi pesar pues me encanta hacerlo pero, por una u otra razón, me he inmerso en muchas actividades que me lo han dificultado. Me he concentrado en contestar comentarios y el blog sigue volando. El caso es que es tremendamente estimulante que lo que uno escribe no se queda sólo con uno, sino que sea compartido con mucha gente y de muchas partes. Así que a producir contenido atractivo e interesante y verás qué aventura es.

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    1. Pos mi querido Mundo, voy a tener que echarme un clavado a tu blog.

      Y comparto perfectamente tu sentir respecto a escribir, a ver cuánto duró en esta carrera, y sobretodo, a ver qué tan popular me hago, aunque creo que tratando estos temas, no voy a pasar de dos lectores, ja ja ja ja.

      Ya veremos como avanza esto.

      Un gran abrazo.

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      1. Bienvenida tu visita amigo.

        Y espero que te vaya muy bien pues siempre has escrito (y hablado) muy ameno y divertido. Será cuestión de que vayas encontrando temas y sumando seguidores.

        En donde logré más seguidores es en Twitter, para que lo consideres.

        Otro abrazo grande.

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  2. Me diste en mi pata de palo, eso es todo lo que he descubierto con el coaching. De verdad que sentir que tenemos algo que hacer que deje huella cambia TODO, nuestro estado de ánimo y nuestras actitudes ante muchísimas cosas. Lástima que nos lo preguntamos cuando ya estamos un poco madurones y no de chavitos. Ya lo compartí en facebook para que veas que te reconozco el esfuerzo y la entrega de compartir puntos de vista tan interesantes.

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  3. ¡Uy! No se me ocurre ni qué decir…
    Creo que básicamente el chiste está en encontrarle sentido a la vida; y como no sé filosofía ni nada de eso, pues creo que el primordial sentido de esta vida debería ser “Ser Felíz”; total que cuando se esté muert@ ya no importará mucho cómo se acuerden de un@. (ni cuenta nos daremos)…
    Lo que si debería de importar ahora que uno está viv@, es la impresión que se tiene de “uno mismo” hoy.
    Y para eso debería bastar con saberse una buena persona, ayudar a quien se tiene a un lado, etc., y no permitir que nada, nadie, ni ninguna circunstancia se prolongue para hacer que nuestra existencia sea infeliz. Sólo se vive un tiempo limitado, y es nuestra obligación que el paso por esta tierra sea satisfactorio, aún más cuando se cuenta con el privilegio de la salud.

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    1. Hola Ana Laura, gracias por tu comentario.

      Yo tampoco soy experto en filosofía o en alguna de sus muchas ramas, ¿pero sabes? En algún momento yo también llegué a pensar que ser feliz era el objetivo último, sin embargo, ahora me parece un pensamiento demasiado egoísta y sobretodo muy “persona-céntrico”, y como me parece que lo dije en el escrito, haber montado todo este escenario tan impresionante solo para que busquemos ser felices, me parece un exceso.
      Sin embargo, releyendo tu comentario me asalta una nueva duda, ¿y si mis supuestos son erróneos? Esto es, ¿y si no desaparecemos del todo al morir?, ¿y si el bien mayor logrado es el “tíquete” como dirían en Centroamérica, para pasar a un “estado superior”?
      Mmmm,… Siguen las dudas acumulándose.
      Una parte crucial de mi reflexión es el haberme planteado esta duda a estas alturas de mi vida, y no cuando chavo. Pero también lo es el hecho de que si nos tenemos que aplicar para avanzar, ¿por qué no hay señales en el camino que nos digan que eso es lo que se necesita?

      Mmmmm,… Seguiremos informando.

      Un gran abrazo.

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      1. Querido JC ante mi fallido primer intento, espero este si “llegue”, interesante filosofar sobre lo que pudo haber sido y lo que somos, me ubico en tu primer escenario, del segundo no puedo opinar, sin embargo creo que lo importante (para mi) es saber si tus expectativas de vida se han cumplido. Eso no lo puedes pensar siendo “chavo”, en esos momentos tienes otras crisis existencialistas, ahora ya grandecito si puedes pensar si vas bien o te regresas ( si puedes). En tu caso creo que aun te faltan cosas por hacer, mas aun teniendo hijos que aun dependen de ti económicamente, pero igual, también son parte de esas expectativas de vida, y bueno lo que si es un hecho es que la vida como la conocemos, la debemos disfrutar, para bien o para mal, es la única que que tenemos (aun no hay alguien que haya regresado del “mas alla” y pueda platicarnos que onda), amigo, cumple tus expectativas de vida, quizá a veces no será tan feliz (ver a un hijo irse a trabajar al otro lado del mundo, lo hace feliz a el, a uno como padre-madre, no tanto, pero tienen que levantar el vuelo), pero me queda claro por experiencia profesional, que al hoyo, no te llevas nada ( ni coche que te envidien, ni whiskies), mejor disfruta tus ginebras y tus tartas Sacher, y si has de trascender………será, lo malo es que ya no te tocara verlo, aunque a tu descendencia quizá si, y les llenara de orgullo. Y bueno, que si alguien re-encarna, o regresa, pues que lo comparta, un abrazo

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